La Nueva Medicina Germánica y las plantas - Medicina Germánica en México

La Nueva Medicina Germánica y las plantas

La Nueva Medicina Germánica y las plantas tienen algo en común.

Extracto del libro «Legado de una Nueva Medicina», tomo 2, del Dr.Ryke Geerd Hamer, sobre el cáncer en plantas.

Como se sabe, las plantas también generan cáncer, y dado que la NMG ha descubierto 5 leyes biológicas que explican el cáncer en seres humanos y el reino animal en general, lógicamente el Dr. Hamer se ha planteado la cuestión de si esas leyes son válidas también para el reino vegetal.

La Nueva Medicina Germanica y las plantasAl igual que el Dr. Hamer, considero como muy probable que las leyes biológicas de la NMG también apliquen al reino vegetal, pero quizás solo en una forma análoga o con algunas modificaciones o precisiones derivadas de las características propias de dicho reino.  Por ejemplo, el triángulo psique-cerebro-órgano es comprensible en el caso de los animales, pero en el caso de las plantas los conceptos de «psique», «psiquismo» , «conflicto» o incluso «alma» parecen bastante inapropiados por sus connotaciones psicológicas y espirituales de tipo humano (si la mayoría de la gente que se acerca a la NMG de forma superficial o prejuiciada confunde el concepto preciso de conflicto biológico con el estrés o conflictos psicológicos, o creen sin fundamento alguno que los niños no pueden hacer conflictos biológicos, el lector podrá imaginar las tremendas confusiones que se producirían al emplear el concepto de conflicto aplicado a las plantas o la nueva medicina germánica y las plantas), por lo que la aplicación literal de estos conceptos al reino vegetal induce malentendidos y podría como hemos dicho generar confusiones conceptuales, con lo cuál solo deberíamos emplearlos en una forma análoga al psiquismo humano y animal (teniendo en cuenta este importante detalle, sí podríamos hablar perfectamente de una «psique» en las plantas, y también de fenómenos análogos al DHS y al «conflicto» en ellas.

Aunque quizás se haga necesario crear nuevos nombres para referirnos a estos fenómenos vegetales y su explicación en términos de la NMG «botánica».). En todo caso, esto constituye un interesante proyecto de investigación científica que apenas está empezando, por lo que no tenemos todavía respuestas claras y definitivas en esta materia, y la reflexión teórica al respecto todavía está muy inmadura. Por este motivo, al concluir el extracto del Dr.Hamer, añadiré una breve pero muy pertinente reflexión teórica que otro experto en la NMG, el Dr.Vicente Herrera, ha propuesto sobre el cáncer en las plantas y otros fenómenos naturales no biológicos, que complementa perfectamente las ideas del Dr.Hamer sobre esta materia.

El cáncer en las plantas o programas especiales con sentido biológico en las plantas

Por: Dr. Ryke Geerd Hamer

La Nueva Medicina Germánica y las plantas

Foco de Hamer en una hoja de una planta (izq.), Foco de Hamer en un cerebro humano (centro.) y Foco de Hamer de neurodermatitis en la piel.

El “fenómeno Gergelyfi”: hoja de un limonero con una configuración de anillos concéntricos como signo de un Foco de Hamer. Evidentemente en la planta el cerebro se encuentra prácticamente en todos los sitios. Por lo tanto el FH es al mismo tiempo FH del cerebro y del órgano.

 

La Nueva Medicina Germánica y las plantas

La estudiante de biología Helga Gergelyfi junto con el autor del libro en el primer congreso internacional de la Nueva Medicina en Viena, en mayo del 99.

Una joven estudiante de biología de Viena, Helga Gergelyfi, hizo un gran descubrimiento en su pequeño limonero, que tenía en su propia habitación, en una residencia de estudiantes: una hoja de su limonero presentaba un Foco de Hamer. Probablemente ya muchas personas han visto algo parecido sin haber reflexionado sobre ello.

La estudiante sin embargo conocía la Nueva Medicina y pensó inmediatamente que estaba viendo una imagen que le era muy familiar, es decir, un Foco de Hamer, que había aprendido a reconocer tanto en las imágenes del TAC cerebrales como en las del órgano.

Arrancó la hoja y se la mostró a sus profesores de botánica de Viena. Estos se quedaron perplejos, pero uno de ellos buscó en a literatura botánica correspondiente a una imagen así de rara pero al tiempo tan clara. Tras algunos días Helga le preguntó cuales eran los resultados de sus búsquedas. Éste pensaba que se trataba de un caso de virus. Probablemente había descubierto la punta de la verdad. Si se observa atentamente la parte inferior de la hoja de limón se ve una gran zona marrón en la que se había encontrado este Foco de Hamer en forma de anillos concéntricos verdes.

Un anillo verde indica la presencia de clorofila, de metabolismo, en este caso dentro de una gran zona con metabolismo reducido, es decir, de color marrón. Se tiene que tratar de una fase de solución con anillos concéntricos que tienen que haber estados activos hasta poco tiempo antes, es decir, con los márgenes bien nítidos. Con la conflictolisis subvendrá también la actividad de los microbios, en este caso suponemos que de los virus, que reconstruyen la hoja. En este caso parece justo que sea así. En estos anillos se reactiva de nuevo el metabolismo.

¿El conflicto? El árbol había permanecido durante una noche expuesto a la corriente de aire de una ventana entreabierta.

Después de esta exposición (CL) se había presentado esta configuración concéntrica, visible gracias a los anillos verdes, es decir, al principio no se veían, o se veían sólo un poco, estaban faltos de color, pero ahora al retomar el metabolismo eran verdes. Tras la conflictolisis los anillos, antes con márgenes nítidos y faltos de color del Foco de Hamer, pueden volverse de nuevo verdes. Por lo tanto absorben nuevamente agua, cumplen el metabolismo, forman clorofila y así los anillos antes descoloridos vuelven a ser verdes. Aquí ha habido sólo una pequeña actividad conflictiva, por eso el proceso del metabolismo impedido era todavía reversible. Los anillos concéntricos del FH consiguieron coger la coloración verde en la fase de curación.

Si la actividad conflictiva hubiese durado más tiempo, las alteraciones en la zona del FH habrían sido presumiblemente irreparables. Se habría formado un agujero correspondiente al FH, es decir, en toda la zona de los anillos concéntricos. Eso significaría entonces que los microbios o parásitos no devorarían (sin sentido) las hojas, sino que solamente cumplirían la tarea que la madre naturaleza les ha encomendado desde hace millones de años.

De golpe este descubrimiento aparentemente insignificante, hecho por una joven estudiante en septiembre de 1995, se encuentra en el centro o incluso al inicio de una enorme búsqueda para la cual hasta ahora no estábamos en condiciones ni siquiera de hacer una investigación, por no hablar de tener alguna idea sobre las correlaciones existentes. Por la investigación bacteriológica realizada hasta aquí sabemos que también en las plantas están todos los microbios, hongos, bacterias y virus. Por la Nueva Medicina, en particular por la cuarta ley biológica, sabemos que los microbios son correlativos a una hoja germinal concreta, es decir, trabajan de un modo específico, con superposiciones reducidas.

Sin embargo si

  • los hongos pertenecen a la hoja embrional interna (endodermo)
  • las bacterias a la hoja embrional media (mesodermo) y
  • los virus a la hoja embrional externa (ectodermo)

entonces deberíamos poder encontrar estas tres hojas embrionales también en las plantas. En botánica sin embargo no se conocen hojas embrionales, aunque también ahí existe una especie de desarrollo embrional, por ejemplo en una nuez, una avellana, en una castaña, etc. Ahora estamos incluso en posición de hacer una investigación con un objetivo claro.

  • Las partes de las plantas que son objeto de la acción de los hongos deben pertenecer a la hoja interna.
  • Las partes de las plantas que son objeto de la acción de las bacterias deben pertenecer a la hoja embrional media.
  • Las partes que son objeto de la acción de los virus deben pertenecer a la hoja embrional externa. Probablemente también a nuestra hoja se le debería poder aplicar este esquema.

Con toda probabilidad las cinco leyes biológicas descubiertas para los programas especiales del hombre y de los animales son leyes naturales que valen para todos los seres vivos. La pregunta que surge inmediatamente es como se tienen que entender las cinco leyes biológicas en el caso de las plantas.

Si no nos estamos engañando por completo, la quinta ley biológica es justo, mutatis mutandis, una quinta ley natural botánica. Deberíamos esforzarnos por entender qué programas especiales, biológicos y con sentido tienen lugar en las plantas. Su metabolismo se estimula o reduce, en cada caso reelaborado de un modo sensato a partir de la conflictolisis, por los microbios que desde hace millones de años colaborar con el organismo huésped durante la correspondiente fase de curación. La conclusión sucesiva en base a las leyes naturales de la Nueva Medicina, si son justo tales, sería aquella por la que también las plantas tienen conflictos con DHS, conflictos biológicos con fase de conflicto activo (fase CA) y fase de curación (fase PCL).

La siguiente consecuencia lógica sería que las plantas tiene todas un alma con la que reaccionan psíquicamente, cerebralmente y orgánicamente, de un modo análogo a nosotros. Una diferencia respecto a nosotros sería el hecho de que la planta no tiene un cerebro central, del que evidentemente no tiene ninguna necesidad. De hecho todas sus células están unidas entre ellas y también los “minicerebros” (digamos los núcleos celulares) de la planta que juntos constituyen el cerebro del órgano. Según la dimensión de la planta, tal cerebro del órgano puede tener una capacidad inmensa, que hasta ahora probablemente no habíamos ni siquiera soñado nunca, casi un enorme disco duro de ordenador con una prestación colosal.

Pero también es posible sin más que las raíces de las plantas contengan una porción particular de cerebro, una especie de cerebro secundario, que podría corresponderse con nuestro cerebro de la cabeza. Esto tendría un significado sobretodo ahí donde las partes de la planta que están fuera de la tierra mueren completamente en invierno y quedan vivas sólo las raíces.

Ahí en cada caso tiene que estar el cerebro de la planta, en todo caso en invierno.

El decurso de los anillos concéntricos, el ritmo de la naturaleza

Toda nuestra curiosidad se despertó después de que la estudiante de biología de Viena, Helga Gergelyfi, descubriera en su pequeño limonero la configuración concéntrica mostrada al inicio de este capítulo, suponiendo que se trataba de un Foco de Hamer. Algunos días después, durante un paseo conjunto, mi amiga encontró una hoja de arce con un anillo verde.

Me puse muy contento y sorprendido cuando nos encontramos con hojas provenientes de tantísimos árboles distintos que tenían anillos concéntricos, anillos verdes y todas sus combinaciones. Era el 25 de octubre de 1995. Desde hacía más o menos diez días estábamos en el “veranillo de San Miguel”, es decir, con temperaturas estivales en el otoño tardío. Evidentemente el mecanismo había sido el siguiente: a primeros de octubre habíamos tenido días fríos ya, incluso con pequeñas heladas, y las hojas habían sufrido un “DHS natural”, según de la posición más o menos protegida, como sucede cada otoño de modo que el árbol pierda sus partes aéreas y no sea destruido por el hielo.

En aquel punto sin embargo estábamos en este “veranillo” que conllevó que se produjese nuevamente una solución parcial del conflicto. En esta fase PCL los anillos concéntricos de las hojas se edemizaron nuevamente, retomando el metabolismo y por lo tanto la producción de clorofila. Las señales de este metabolismo “extraordinario” eran los largos anillos verdes, en algunos casos incluso zonas enteras verdes. Los anillos verdes son en parte reconocibles en los anillos concéntricos más externos. Creo, por mucho que pueda parecer muy simple a posteriori, que con la “quintaesencia”, con la quinta ley biológica natural, nos hemos topado con las huellas de las relaciones del gran ritmo anual.

En otoño: Nuestras plantas sufren una “DHS natural”, que es lo mismo que decir un programa especial, biológico y sensato de la naturaleza. Con la simpaticotonía sensata “pierden líquido”, es decir, el árbol elimina agua con la evaporación y con la interrupción del transporte de agua desde las raíces. Se no lo hiciese así, en invierno se congelaría, muriendo por tanto. Por el contrario con poca agua puede sobrevivir al período de hielo. En primavera: Se verifica la CL (= conflictolisis), podríamos también decir la solución conflictiva natural del programa especial, biológico y sensato de la naturaleza: en la fase vagotónica edematosa las plantas y los árboles absorben agua, porque sin está no puede haber metabolismo.

Tenemos que investigar todavía si las plantas tienen también crisis epileptoide. Podría ser que tras un invierno muy duro los árboles muriesen por esta crisis epileptoide, o al menos una parte de ellos. Ahora se necesitaría realmente hacer las correspondientes observaciones botánicas. Recientemente hemos hecho un descubrimiento que creo que es muy importante: hemos podido observar que los microbios trabajan justo en el interior de estos anillos concéntricos o Foco de Hamer, formando un agujero en la hoja o intentando reconstruirla. Sería entonces evidente que también en las plantas y en los árboles los microbios no tienen una “función letal”, sino sólo la función de reducir, limpiar (en las partes vegetales directas del paleoencéfalo) y de reconstruir (en las partes vegetales directas del neoencéfalo).

En realidad debemos dar un paso hacia atrás respecto a la presunta “nocividad de los microbios”: las plantas no son destruidas por los supuestos “parásitos”, sino que estos cumplen una labor de reducción y de reconstrucción sólo donde hay que hacerlo. Parece que los microbios (y presumiblemente incluso los denominados “parásitos”) trabajan normalmente sólo en el ámbito de un denominado programa especial, biológico y sensato.

Eso a su vez no significa que nosotros, en nuestra ignorancia, no podamos impedir, por ejemplo matando los microbios, que una parte de la planta sea eliminada, al igual que con la destrucción ignorante e irracional de las micobacterias tuberculosas hemos impedido que se puedan reducir según la regla los tumores del tracto gastro-intestinal; originariamente con sentido en el ámbito del programa especial, estos tumores son hoy totalmente superfluos. Lo que nosotros queremos como resultado de cultivo o beneficio no es necesariamente bueno para la planta. Por primera vez tenemos que incluir el alma de la planta ya en todas las consideraciones biológicas y también relativas a la jardinería y al cultivo. Estas plantas que disfrutamos no son objetos. Igual que los animales no son objetos, como la iglesia y la “ciencia” los han considerado hasta ahora. No sólo necesitamos de protectores de los animales y de gente que se oponga a los experimentos con los animales, sino también de protectores y gente que se oponga a los experimentos con plantas. Esta exigencia actualmente resulta todavía utópica y del todo irrealizable. Pero sólo pensando o sabiendo que los animales y las plantas tienen alma, nos oponemos a los experimentos con animales o plantas, y por un motivo muy distinto del de los actuales defensores de los animales, que, laudablemente, estaban contra los experimentos con animales, pero tenían demasiados pocos argumentos. A menudo sostenían que si que se puede matar a los animales, pero sin hacerlos sufrir demasiado.

Los animales nos dan la leche que no necesitan para sus cachorros, las plantas, como por ejemplo la hierba, nos dan sus hojas sin tener que morir por ello. Los árboles nos dan los frutos que no les sirven para reproducirse, etc. Hasta ahora nuestra religión judeo-cristiana no ha tenido en consideración la presencia del alma, no sólo en el hombre, sino también en los animales y en las plantas. La brutal relación con la naturaleza, derivada de las grandes religiones del antiguo testamento, ha causado la máxima catástrofe natural del planeta. Un número infinito de especies animales y vegetales han sido destruidas, únicamente porque se nos ha enseñado a tratar a los seres vivos como objetos de los que es lícito disfrutar y atormentar a placer. Estas concepciones primitivas que no tiene ninguna compasión por el alma de los animales y las plantas ha inflingido un infinito sufrimiento sobre toda la tierra durante dos mil años, y por lo tanto deberían ser superadas.

Foco de Hamer de Neurodermatitis

Esta no es la imagen de una hoja, sino de un punto en la piel humana. Muestra el inicio de la fase PCL de un foco de neurodermatitis.

 

Foco de Hamer de neurodermatitis agrandado.

Aquí una imagen del inicio de una fase de curación en una piel humana (agrandada). Más tarde no se pueden reconocer los anillos a causa del exantema muy enrojecido.

 

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Así aparece una hoja cuando los microbios elaboran un FH así. En este caso no sabemos todavía con precisión qué tipo de microbios son, vemos que aparecen como una cubierta blanquecina. Es interesante que estén activos exclusivamente en la zona del FH. Dado que por el momento todavía no reconocemos ni la especie de los microbios ni el tipo de hoja embrional en la que están activos, tampoco sabemos si están reduciendo, destruyendo o “reconstruyendo”. Lo último es lo más probable. Cara inferior de una hoja de arce. Parece ser, con muchas reservas, que la hoja, durante la fase activa, fuera perforada y cayese. Sin embargo si la fase CA sólo ha durado poco tiempo, es decir, que rápidamente se llega a la fase de curación, la reducción se puede todavía parar, el tejido puede ser reconstruido todavía por los microbios (virus?). Entonces vemos los típicos anillos verdes como señal del retomar el metabolismo.

 

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Agrandamiento de un detalle. Nótese que el anillo verde se encuentra en la cara amarilla de la hoja. La parte superior amarilla se debía al frío o a una mala protección. En cualquier caso ha sufrido más el conflicto en el lado verde, sobre el que encontramos sin embargo un par de FH más pequeños que son elaborados al mismo tiempo por los microbios.

 

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Hoja de arce que muestra todas las fases. En esta hoja de arce vemos por un lado los pequeños agujeros en los puntos de FH activo anterior. Se ven los puntos que eran proclives a convertirse en agujeros. Sin embargo también vemos los FH con anillos concéntricos activos al margen que todavía se podían “salvar” y que han formado nuevamente un anillo externo verde. Al final vemos el gran anillo verde como señal de un gran FH que evidentemente no estaba tan dañado y que ha podido retomar el metabolismo como señal de un proceso de curación.

 

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En esta imagen se ven muy bien los anillos concéntricos y la nueva coloración en los márgenes externos como señal de la fase PCL. En la gran estructura del anillo verde a la izquierda se reconoce en el interior una pequeña estructura en anillos.

 

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Hoja de arce en la que nuevamente se pueden reconocer todos los estadios del Foco de Hamer.
Agrandamiento de un detalle de la misma hoja. La estructura concéntrica se reconoce bien. La zona exterior del FH todavía es salvable, es decir, el metabolismo puede ser reactivado.

 

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De nuevo un agrandamiento del detalle anterior: se reconoce como la hoja se agujerea dependiendo de los FH mientras no se vuelva repentinamente a una fase PCL y si no se retoma de nuevo la actividad del metabolismo. A la izquierda arriba, en la esquina, hay un claro inicio de metabolismo retomado. Vemos que las “manchas verdes” de una zona con metabolismo activo se componen de varios FH, pero también pueden componerse de un solo FH grande.

 

Es extraño que estos anillos concéntricos hayan pasado desapercibidos, o en cualquier caso, que no se hayan tomado jamás en consideración, aunque se les pueda ver tan bien. Para los botánicos es mucho más importante estudiar las hojas a nivel microscópico. Actuando así “el bosque ha tapado los árboles”.

 

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Hoja de arce con un FH particularmente bello en fase PCL. Ya están presentes los agujeros, allí donde el proceso de la fase CA ya estaba muy avanzada.

 

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Lo interesante de esta hoja es que el lado izquierdo, evidentemente, estaba de cara al sol, o mejor protegido del frío. En el lado izquierdo las reactivaciones del metabolismo se dieron, probablemente, en forma de FH. En el lado derecho eso no ha sido suficiente. El lado derecho aparece claramente más coloreado, más marrón, los anillos concéntricos del FH a la derecha todavía no han provocado la formación de agujeros, pero ni mucho menos están en condiciones de reactivar el metabolismo.

 

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Hoja de arce que muestra todos los diferentes estadios o las zonas de las diferentes fases: los agujeros de la fase CA, los “casi agujeros” todavía en fase CA, los FH con metabolismo reactivado en la fase PCL.
Reconocemos que también con los agujeros ya presentes en la zona de los FH, cuando el sol calienta lo bastante y las noches son cálidas, las partes individuales de la hoja a lo largo del borde pueden todavía entrar en fase PCL, es decir, están en condiciones de reactivar su metabolismo (en el centro, arriba a la izquierda).

 

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Agrandamiento de un detalle de la imagen precedente. La cara izquierda de la hoja estaba en conflicto activo porque estaba más fuertemente expuesta al frío o al viento frío. A pesar de eso, dado que apenas dos días después se produjo el verano de San Martín (finales de octubre del 95), la parte izquierda de la hoja todavía ha podido ser salvada, se ha retomado el metabolismo. También en la parte derecha de la hoja había FH activos más pequeños que ya en la fase PCL aparecen como manchas muy oscuras o anillos. Me parece importante el hecho de que aquí se trata de un “fenómeno otoñal” desencadenado por diez días y noches cálidas a finales de octubre. Igualmente este “fenómeno” podría ser lo normal en los ambientes situados mucho más al sur.

 

 

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La cara izquierda de la hoja estaba en conflicto activo, porque estaba más fuertemente expuesta al frío o al viento frío. A pesar de eso, dado que apenas dos días después se produjo el verano de San Martín (finales de octubre del 95), la parte izquierda de la hoja todavía ha podido ser salvada, se ha retomado el metabolismo.
También en la parte derecha de la hoja había FH activos más pequeños, que ya en la fase PCL aparecen como manchas muy oscuras o anillos. Me parece importante el hecho de que aquí se trata de un «fenómeno otoñal» desencadenado por diez días y noches cálidas a finales de octubre. Igualmente este «fenómeno» podría ser lo normal en los ambientes situados mucho más al sur.

 

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Esta hoja de arce no podría ser más clara: en una noche de octubre fría y ventosa se volvió amarilla, sufrió un conflicto biológico activo cuyo programa especial parece consistir en el hecho de que el líquido es retirado de las hojas y las ramas de modo que el hielo no destruya la planta. El volverse amarillo es la señal evidente de la presencia de un conflicto activo.

Sin embargo tras dos días de frío volvieron las temperaturas estivales citadas anteriormente. Eso estimuló al árbol para que hiciera correr de nuevo el agua por la hoja y a retomar el metabolismo en los anillos concéntricos, invisibles en la fase CA, a producir clorofila, que es la que forma estos anillos verdes. En nuestras latitudes lo normal sería que la fase CA durase hasta la primavera. Por lo tanto es obvio que estos anillos no tomarían la coloración verde. Con la primavera el agua vuelve a subir hacia arriba y las hojas germinan. ¿Nos hemos parado a pensar que, en principio, se trata de un proceso semejante a las manifestaciones de la fase PCL en nuestros órganos o nuestro cerebro?

 

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Parece que los FH más pequeños de esta hoja vayan a “agujerearse”, retomándose sin embargo la fase de curación nuevamente. El árbol ciertamente no podía saber que al final la fase de curación duraría sólo un intervalo de diez días. Ha visto la posibilidad biológica de reactivar el metabolismo de nuevo.

 

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FH de una hoja de arce con fuerte agrandamiento. Hoja de arce con FH central en fase PCL (mancha verde).

 

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Hoja de palma con un FH activo. En este punto la palmerilla había sufrido el hielo a causa de una corriente de aire. Se ven muy bien los anillos concéntricos. Sin embargo e resto de la hoja ha permanecido intacto. Podría ser que el efecto del frío haya durado mucho tiempo, tanto como para que se pudiese curar el punto dañado. Sin embargo la alteración no ha durado suficiente tiempo como para que se forme un agujero en la hoja. Vemos que no solamente existe un extremo u otro, sino que son posibles todas las situaciones intermedias dentro de las leyes naturales.

 

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Hoja de palma. Están presentes tres o cuatro FH más grandes. Un FH ya está agujereado, sin embargo el FH de la izquierda está ya prácticamente en el estadio justo precedente a la formación del agujero. Se ven muy bien los anillos concéntricos. El resto de la hoja todavía no está notablemente alterado. A la luz de los casos descritos, nuestra convicción pasada de que estos agujeros fuesen causados por los microbios es errónea.

 

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Hoja de hiedra con dos típicos Focos de Hamer en los que podemos ver claramente los anillos concéntricos. Los dos parecen estar en reducción. Abajo vemos un foco ya agujereado, ya “consumado”. No sabemos si tales FH pueden retomarse todavía o su la fase CA está ya demasiado avanzada.

 

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Hoja de haya en la que los FH eran todavía reactivables. En este caso el ambiente micróbico era claramente más favorable. Se ponemos atención en las diferencias, veremos nuestras plantas y árboles con unos ojos totalmente diferentes. Son nuestros compañeros de vida.

 

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Hoja de haya en la que es posible estudiar bien la formación de los agujeros. El FH a arriba de la imagen se encontraba ya en proceso de agujerearse, pero evidentemente su metabolismo ha sido activado de nuevo en el margen (flecha de arriba) por la fase PCL. Claramente el ambiente micróbico tiene una importancia decisiva aquí.

 

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Hoja de sauco con un FH que muestra magníficos anillos concéntricos. Parece evidente en el centro el FH ya no se podía recuperar, pero en el exterior ha sido revitalizado por la fase PCL.

 

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Comparación: vemos un FH activo en el hígado, por lo tanto en un órgano. Estos anillos concéntricos se ven especialmente bien al inicio de la actividad conflictiva, es decir, tras el DHS. Seguidamente a lo largo de estos anillos crecen nuevas células que no deben tener una larga duración, sino sólo conservarse durante la fase de conflicto activo. Tras la solución del conflicto, como ya sabemos, se reducen mediante tuberculosis.

En el futuro debemos considerar a nuestras amigas, las plantas, de un modo totalmente diferente, considerándolas criaturas como nosotros. Por mucha crueldad que exista en la naturaleza, seguramente ni las plantas, ni los animales, ni el hombre han estado tan ciegos como lo hemos estado en los últimos 2000 años. Hemos llegado incluso a considerar a nuestros compañeros animales como objetos, y mucho más a las plantas. Hemos alcanzado el punto máximo de la estupidez con nuestra denominada civilización, cuya culminación puede conducir a un gobierno “global” que controle totalmente el modo de pensar. Con este paisaje lunar espiritual la Nueva medicina hará que se reencuentre el camino que conduce a nuestras capacidades intuitivas individuales, a la armonía natural-biológica perdida entre todos los seres vivientes.

Sin embargo todavía no hemos terminado nuestro juego biológico-botánico de pregunta y respuesta.

Con la premisa de que, en principio, las cinco leyes biológicas afectan de un modo análogo también a las plantas, lo que todavía tenemos que demostrar, los botánicos tendrán por primera vez una explicación del porqué existe el cáncer o la necrosis en las plantas. En ese caso el cáncer en las plantas (obviamente como un programa especial, biológico y con sentido de la naturaleza) debería desencadenarse a partir del “paleoencéfalo”. Sin embargo en las plantas vemos sólo un “cerebro compacto” en el que no conseguimos distinguir las relativas correspondencias como en el paleoencéfalo y en el neoencéfalo. Esta ojeada por nuestra “oficina biológico-botánica” podrá provocar vértigo en alguno de nuestros lectores, pero se tiene que trabajar así en la “criminal” biología de la Nueva Medicina si se tienen las cinco leyes biológicas.

Basta ver las concordancias fascinantes que encontramos en toda la multiplicidad que la madre naturaleza ha programado. En la tercera ley biológica, relativa al sistema ontogenético del cáncer y de las enfermedades oncoequivalentes, vemos que la madre naturaleza, en la fase de conflicto activo (fase CA), puede producir tanto multiplicación celular con la mitosis, como reducción celular, según que parte cerebral dirija estos programas especiales. El sistema superior es el denominado sentido biológico, que en los órganos directos del paleoencéfalo se encuentra justo en la multiplicación celular, mientras que en los órganos directos del neoencéfalo va individualizado en la misma fase CA, pero con reducción celular. Los dos procesos biológicos, no importa que estén contrapuestos diametralmente a nivel orgánico, resultan sensatos al mismo tiempo en base a la quinta ley biológica natural. Aunque los órganos directos de la médula cerebral tengan su sentido biológico al terminar la fase de curación (fase PCL) con multiplicación celular, eso no constituye una contradicción, sino una variante que la madre naturaleza se concede, pero que siempre está regulada a nivel global por la quinta ley biológica.

Queremos ahora intentar encontrar una unión bajo el perfil evolutivo entre el mundo vegetal y el mundo humano/animal, intentando en primer lugar aplicar nuestras cinco leyes biológicas a la realidad de las plantas, como ya hemos indicado arriba. Un modo parecido de proceder no es otra cosa que una hipótesis de trabajo.

La planta podría ser –por el momento hacemos una suposición porque obviamente no tenemos la seguridad total- un “organismo con cerebro único”, por el contrario los animales y el hombre son organismos con “dos cerebros”, el central de la cabeza y el del órgano. La necesidad biológica del segundo cerebro (cerebro de la cabeza) ha podido derivar, por ejemplo, por la mayor movilidad requerida al individuo. La gran pregunta de la que ya se había ocupado Darwin, es la siguiente: ¿en qué momento se han separado el mundo de las plantas y el de los animales? Es probable que las plantas existieran ya algunos o muchos millones de años antes de la aparición de los animales, aunque todavía de forma muy primitiva en condiciones de nutrirse de estas plantas. Por otra parte, si durante un cierto período hubiésemos vivido “en el tren de las plantas”, deberíamos encontrar en nosotros estructuras vegetales, de un modo análogo a nuestros arcos branquiales, que muestran que, durante un determinado tiempo, hemos “nadado” junto a los animales del agua.

Hasta ahora no hemos encontrado una estructura común así, o eran de tipo muy general: elementos fundamentales comunes, denominados orgánicos constituidos de carbono, oxigeno e hidrógeno, azufre y fosfato, etc., metabolismo, reproducción de tipo unisexual o bisexual, los fenómenos que consideramos signos de vida.

Pero, ¿dónde se separaron nuestros caminos?

En principio nuestros caminos se deben haber alejado ya en el estadio unicelular. De hecho el individuo monocelular tiene “sólo” un cerebro del órgano, como creemos, en cualquier caso, hoy en día. La Nueva Medicina con sus leyes naturales puede ser quizás aquí todavía de ayuda. Con este propósito tenemos que hacer de nuevo una pequeña incursión en la historia evolutiva.

Sabemos que un gran número de mamíferos en Australia ha experimentado un propio “desarrollo continental” en un período relativamente precoz para los mamíferos, del cual han derivado los marsupiales. Sin embargo lo particular es el hecho de que se han originado las mismas especies presentes en los otros continentes (zarigüeya, etc.), y todas con una bolsa donde se lleva al cachorro.

 

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Marsupiales

 

Según una hipótesis operativa podría ser que haya habido una especie de “programa de creación” en el que también entran las cinco leyes biológicas. De igual manera en las plantas y en los animales/hombre podrían encontrarse programas especiales análogos, tal y como esos programas especiales, biológicos y sensatos de la naturaleza han sido reconocidos en los animales y en el hombre.

Todo este ramo de la investigación ha sido posible desde que la medicina, con las leyes biológicas, se ha convertido en una ciencia natural. Ahora podemos no sólo  hacer florecer los conocimientos naturales en la medicina, sino también por primera vez aplicar a la biología las leyes biológico-medicas. Una ley natural es una ley natural independientemente de que sea biológica o médica, ya que los dos campos son científicos. Quizás muy pronto tendremos que intentar comprender el alma de un árbol no sólo de un modo sentimental, sino totalmente real y también la de una florecilla o la de cualquier planta, aunque hasta ahora haya sido considerada una “mala hierba” o una “planta nociva”. Tendremos que iniciar una nueva cronología y reelaborar a fondo los últimos 2000 años de ceguera.

Pienso modestamente que con las cinco leyes biológicas se ha hecho un gran descubrimiento, porque hemos encontrado cinco de las constantes (quizás haya más) que han permanecido presentes en el curso de toda la evolución, mientras el mundo vegetal y animal se diferenciaba en una rica multiplicidad. Por lo tanto la Nueva Medicina es la medicina primordial, un sistema científico que abraza de verdad a todos los seres vivientes y que al mismo tiempo es muy lógico y coherente; se podría casi decir que representa la religión natural válida para todos los organismos vivientes del mismo modo.

Mientras que casi todos los fundadores de religiones siempre han enseñado que su Dios “violará” las leyes naturales haciendo milagros, el prodigio en la Nueva Medicina con sus cinco leyes biológicas consiste justo en el hecho de que las leyes naturales no son transgredidas. La máxima perfección, como para los griegos antiguos del clasicismo, reside justo en la maravillosa normalidad, en la armonía privada de banalidad. Eso no tiene nada que ver con la idealización por ejemplo de la crueldad de la naturaleza, sino que el nacimiento y la muerte están comprendidas en estas leyes naturales de un modo totalmente natural.

Fuente: Blog “Nueva Medicina Germánica® Del Dr. Hamer” publicado por CriticalThinker.

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Observaciones del Dr.Vicente Herrera sobre el cáncer en las plantas

En su libro «Dignificar el Síntoma», el Dr.Herrera explica:

«Creo que existe un mismo y único fundamento en la base biofísica – más al fondo de la bioquímica – de las enfermedades, y este fundamento es el flujo de energía, que se manifiesta en primer lugar como resonancia o vibración, que se convierte posteriormente en una condensación. De esta manera, el órgano o sistemas implicados traducen cambios anatómicos específicos que se van a expresar según un sentido preciso, teniendo en cuenta la fase de enfermedad y la procedencia del órgano o sistema corporal afectado. Estas imágenes se manifiestan en el soporte cerebral dentro de esta correlación psique-cerebro-órgano en el sistema nervioso del reino animal. En las plantas, sin embargo, los impactos físico-ambientales no se van a localizar en un sistema nervioso individualizado, sino en la superficie de las hojas, tallos, raíces. Y en la atmósfera, en el espacio entre iones, a causa de perturbaciones de la energía lumínica que procede del sol.»

Y más adelante añade:

«Precisamente estas imágenes aparecen tras el impacto que precede al conflicto. Este impacto puede tener un contenido tanto físico como psicológico, según la medida de conciencia o autoconciencia que ha conseguido el ser vivo en evolución. En el caso del huracán, el impacto es físico; en el hueso, el impacto es psicológico a causa de una desvalorización de sí mismo del ser vivo del reino animal. Pero todas estas imágenes tienen la misma naturaleza física y geométrica. La imágen del huracán, en definitiva, muestra la composición energética que subyace en todo ser vivo más complejo que, en su complejidad, incluye su sistema de interconexión por excelencia, que es el cerebro o el sistema nervioso.»

Cuando la NMG se ampliamente conocida, muchos investigadores en diversas áreas de la ciencia podrán aclarar todas estas posibles interrelaciones, y comprobar si la NMG se extiende a otros ámbitos, más allá de la biología de los seres vivos.