¿Para qué querer curar una curación? - Medicina Germánica en México

¿Para qué querer curar una curación?

Meditaciones sobre la Ciencia Curativa Germánica

Por: Dr. Vicente Herrera

La Ciencia Curativa Germánica o Germanische Heilkunde (en alemán) descubierta y promocionada por el Dr.med.theol. Ryke Geerd Hamer surge en la primera década de los años ochenta del siglo pasado, bajo en nombre inicial de Nueva Medicina que posteriormente pasa a ser nombrada como Nueva Medicina Germánica, hasta el titulo actual.

Se trata de una ciencia natural que explica la enfermedad no como un error o defecto del sistema corporal sino como un programa inteligente de la naturaleza con el propósito de solucionar situaciones que ponen en peligro la supervivencia de los seres vivos, entre los cuales se encuentra el ser humano. En la editorial AMICI DI DIRK Ediciones de la Nueva Medicina se encuentra todo el material disponible hasta ahora para su estudio, análisis y profundización.

Desde 1997 hasta este año 2016 he publicado varios libros cuya gran parte de su contenido se encuentra disponible en la editorial digital BUBOK.ES donde, modestamente, he expuesto mi experiencia, reflexiones, aportaciones y propuestas sobre esta perspectiva en la que he fundamentado mi practica medica desde inicios del año 1995. (Cáncer: una orden del cerebroLa salud desde la persona y sus circunstancias).

Anterior a esta fecha, desde 1975, mi experiencia clínica se ubicó en la práctica de una medicina de cabecera en la que me instruí en dos aspectos que consideré esenciales: una formación para un diagnóstico clínico lo más extenso y precoz posible con el uso de recursos diagnósticos y terapéuticos como la destreza de análisis rápidos de laboratorio y pruebas instrumentales básicas como la espirómetria, E.C.G, oscilomanometria, radioscopia o “echar los rayos” (inicialmente activa pero que se prescribió a favor de técnicas por la imagen más sofisticadas como los ultrasonidos y las tomografías)…, y un aprendizaje en salud comunitaria para considerar la influencia y tener en cuenta los factores psicosociales sobre la salud y la enfermedad.

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Junto a esto me alineé con la suerte al trabajar en una experiencia de autogestión en una zona sub-urbana de una gran capital catalana, en que la duración de las consultas no estaba sujeta a un tiempo límite y pude insertarme como agente activo en un movimiento vecinal en auge en la transición de un régimen político autoritario a una democracia incipiente. Estas fueron las condiciones, según mi parecer, que me permitieron observar y conocer a las personas que consultaban, en su entorno familiar y social y determinaron mi búsqueda de otro modelo que explicara la enfermedad, catalizadas por dolorosas experiencias familiares en dos de las dolencias que causan más estragos en la actualidad: el cáncer y la enfermedad mental.

No hace mucho tiempo me he dado cuenta de un hecho que tras una meditación deseo compartir: Con el sistema convencional o medicina científica tratamos de “curar” la curación… Bien, no todas las patologías, claro está, pero si la mayoría, diría que hasta el 80%.

En mi consulta médica hasta 1995 el paciente entraba por un motivo de consulta determinado; le efectuaba una anamnesis o interrogatorio: ¿Qué le pasaba? ¿Desde cuándo? ¿A qué lo atribuía? A continuación, como técnico en la materia emitía un diagnóstico de presunción o certeza tras la exploración física y las pruebas complementarias que le efectuaba en el momento. Naturalmente en algunos casos el diagnóstico se demoraba y en otros los derivaba a la especialidad médica que consideraba conveniente. Si el diagnóstico era seguro, le administraba la terapia correspondiente. Seguidamente -el tiempo no apremiaba- entrabamos en conversación y me comentaban alguna circunstancia relevante que les había sucedido y que yo conocía previamente o la que me exponían en el mismo dialogo. De repente, como si estirara de un hilo imaginario, algunos de ellos exteriorizaban una catarsis o liberación emocional en medio de sus dramáticos relatos: una pérdida de trabajo en un momento delicado de su vida, un matrimonio no aceptado de una hija con una pareja de distinta etnia, una abuela que se sentía rechazada por su hija que prefiere que la otra abuela guarde y cuide a su nieta, un deterioro progresivo y dramático de un hijo adicto a las dogas, una convivencia con malos tratos con un marido alcohólico, un abandono del marido por una mujer más joven, y así variadas circunstancias que evalúe inicialmente y por un tiempo como un ruido de fondo que nada que tiene que ver con los síntomas que expresaban en su motivo de consulta. Por otra parte, mi dispensación de medicamentos fue muy rigurosa y en monoterapia como buen discípulo de la cátedra de farmacología del Dr. J. Laporte en la segunda promoción de la carrera de medicina en la Unidad Docente del Hospital de San Pablo de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Fui el primero en sorprenderme por los resultados terapéuticos alcanzados y por el grado de aceptación y confianza que encontré en los pacientes. Resultados que poco a poco fui atribuyendo al efecto de exteriorizar y compartir los contenidos dramáticos de sus vivencias. Y poco o casi nada a los efectos de los medicamentos que administraba que en muchos de los casos poseían un efecto placebo o simplemente sintomático. En aquel entonces, llegue a pensar que pocas enfermedades podíamos curar los médicos de forma definitiva a excepción de alguna infección o anemias por carencias nutritivas…

Paulatinamente el vaso se fue llenado de la información que me presionaba hacia la búsqueda de otro modelo médico o perspectiva que me explicara el mecanismo que relacionaba el vínculo entre la vivencia y el síntoma. Estudie y analice diversas disciplinas hasta encontrar la que proponía R.G.Hamer con sus cinco leyes biológicas y criterios complementarios. Me interesa remarcar y tener en cuenta aquí la segunda ley biológica que considera la existencia de dos fases en la enfermedad siempre y cuando exista una solución al conflicto biológico que ha puesto en marcha el programa especial de la Naturaleza o SBS en terminología hameriana.

Piénsese, por ejemplo, en una herida que, según su intensidad, va a cicatrizar tras un periodo de calor, dolor, tumor y rubor, cambios que permitirán su curación definitiva. En realidad, la mayoría de síntomas que tratamos se encuentran en la segunda fase de la enfermedad. Entonces la mejor actitud es esperar a que el proceso termine sin caer en el pánico y la desesperación y actuar en el caso que los cambios que se expresan en esa segunda fase comprometan alguna función vital. Eso sí, es imprescindible identificar la situación y sus circunstancias acompañantes que ha provocado el conflicto biológico.

Entonces, ¿no es menos cierto, tal como diría mi amigo abogado, que las maniobras terapéuticas mas usadas en la llamada medicina convencional tratan, en general, de curar una curación…?