El viaje del descubrimiento del Doctor Hamer – Medicina Germánica en México

El viaje del descubrimiento del Doctor Hamer

Fuente: Extracto sacado del libro “La medicina patas arriba (Y si Hamer tuviera razón) – Giorgio Mambretti y Jean Seraphin.

Introducción por: Oswaldo Blas

Cuando empecé a estudiar medicina (sobre todo la rama de la embriología y la biología), uno de los primeros libros que me llamo fuertemente la atención fue “La medicina patas arriba (Y si Hamer tuviera razón) por Giorgio Mambretti y Jean Seraphin”…, me abrió la mente aun más, ya que, teniendo conocimiento de la Nueva Medicina Germánica del médico-científico alemán, Dr. Ryke Geerd Hamer comencé a darme cuenta de los errores que cometía la medicina tradicional, de las cuales Hamer nos advertía en sus libros y las consecuencias fatales de esta, estaba dispuesto a cuestionar todo el dogma establecido por la medicina tradicional que estaba afectando y minando la salud de mis seres más queridos, que, al final de sus vidas, comencé a darle la razón a Hamer…, un dogma es una proposición que se asienta por firme y cierta, como principio innegable de una ciencia, es un principio o un conjunto de principios establecidos por una autoridad como una verdad absoluta e incuestionable pero que en realidad no ha sido validada o demostrada como cierta de manera rigurosamente científica.

El dogma pasó a significar ley u ordenanza decretada e impuesta a otros…, el dogma o dogmas de las cuales hablo son, en la medicina tradicional:

  • El dogma de la metástasis, enfermedad que se propaga en el cuerpo
  • El dogma de las “células enloquecidas”, que se convierten en cáncer
  • El dogma de las “metástasis cerebrales”, o tumores de cáncer en el cerebro
  • El dogma de los microbios como “agentes” patológicos

Es tiempo de desbaratar estos “dogmas” impuestos que en realidad no ayudan a nuestra evolución y conocimiento…

EL DOCTOR RYKE GEER HAMER: HISTORIA DE UN PIONERO

“Cuando haces algo tienes en contra a todos aquellos que hacen lo mismo, tienes en contra a todos aquellos que hacen lo contrario y tienes en contra a todos aquellos que no hacen nada”.

Hace muchos, muchos años, los habitantes de las llanuras que se levantaban al amanecer para ir a trabajar a los campos, miraban el cielo, suponiendo que no hubiera niebla, veían ascender y desplazarse paulatinamente por el este una magnífica bola de fuego. Delante de ellos ningún obstáculo, salvo algún que otro árbol más allá del cual la pista se perdía en el infinito. A medida que pasaban las horas el Sol describía su órbita, y el ocaso señalaba la hora del regreso, la jornada había acabado. Tras la cena un rápido vistazo para ver qué tiempo haría al día siguiente: la Luna, los miles de millones de estrellas, cambiaban con el paso de los días.

Todo daba vueltas en torno a esta gente en la llana extensión infinita. Luego, un hombre lleno de interrogantes y convencido de poder dar con las respuestas, ingeniándoselas con unos trozos de cristal consiguió reunirlos en un largo tubo de madera y dirigirlo hacia la bóveda celeste: su nombre era Galileo Galilei, y desde entonces nada fue ya igual que antes.

Dijo que la Tierra no era llana sino redonda, que el Sol no se movía y la Tierra daba vueltas a su alrededor. Fue tal el escándalo que desencadenó entre los sabios contemporáneos que para evitar la muerte se vio obligado a renegar de todo… ¡Extraño destino de muchos innovadores! Hamer puede comparársele con todo derecho en el campo de la medicina; pese a los muchos atentados sufridos, como buen alemán que es, ha continuado y continúa por su camino sin desfallecer, sabedor de que la comprensión de sus descubrimientos no es más que una simple cuestión de tiempo.

R.G. Hamer nació en 1935, en Renania; su padre fue un pastor protestante y su madre de origen florentino, excelente mezcla de perseverancia y obstinación teutónicas y de fantasía y corazón italianos. Se tituló en Teología y Medicina y estudió Física sin  titularse. Posteriormente se especializó en psiquiatría, neurología y medicina interna, con una tesis sobre los tumores cerebrales. Tras quince años de prácticas, se casó con una estudiante de Medicina con la que tuvo cuatro hijos. Lo que más le apasionó en este período de su vida fue la investigación sobre los orígenes de la psicosis, impresionado como estaba por la dramática situación de los internos en los hospitales psiquiátricos. Pero los acontecimientos que la vida le tiene reservados hicieron que se viera obligado a interrumpir sus estudios, a los que había de volver diez años más tarde, pero con un bagaje más rico por la nueva comprensión de las enfermedades derivada de sus investigaciones sobre el cáncer.

Dirk Hamer
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Dirk Hamer

El 18 de agosto de 1978 su hijo Dirk, de diecinueve años, fue herido por un disparo de fusil mientras dormía en una barca andada en el puerto de la isla de Cavallo, muy cerca de Córcega.

Después de ciento once días de agonía, Dirk muere entre los brazos de su padre: es un trauma terrible. En las semanas siguientes, a Hamer se le diagnostica un cáncer de testículos, pero, dada su formación médica, no se atreve a atribuir la enfermedad al trauma sufrido, y recibe fríamente el brutal diagnóstico del oncólogo: «¡Hamer, tiene usted un cáncer: tiene una posibilidad entre cinco de salir de ésta!»

Aunque enfermo, Hamer sigue trabajando en un hospital de Múnich, en la sección de ginecología, donde hay ingresados doscientos pacientes enfermos de cáncer. Día a día, Hamer les va interrogando con delicadeza y descubre que, al igual que él, todos ellos han sufrido algún grave trauma inesperado en los meses previos a la aparición del tumor. Despedido por haberse atrevido a hablar de su descubrimiento en la televisión bavara, Hamer se lleva un dossier de doscientas anamnesis y prosigue sus investigaciones en otra clínica de Colonia donde hay ingresados enfermos de cáncer de pulmón. En ésta comprueba que el cáncer de pulmón no es causado por el tabaco, ya que la mitad de los enfermos no son fumadores, y se da cuenta de que existe la misma relación de causa-efecto entre el trauma inesperado y el desencadenante de las enfermedades ya observadas en Munich, sólo que el trauma no es del mismo tipo que el observado en ginecología.

En el otoño de 1981 Hamer presenta en la Facultad de Medicina de Tubinga, donde realizara sus estudios y se doctorara, una tesis sobre sus investigaciones aportando doscientos expedientes clínicos y la descripción detallada de setenta casos, refrendados por los médicos responsables de las distintas secciones que habían verificado sus tesis.

Universidad de Tubinga
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Universidad de Tubinga

Su exprofesor le dijo bromeando: «Hamer, es demasiado bonito para ser cierto, pero si nunca lo es, no es posible que hayas sido tú el que lo haya descubierto. Bromas aparte, tenemos que verificarlo de inmediato, aquí precisamente en mi sección». Pero la Facultad rechazó sin ninguna justificación la verificación y en mayo de 1982 todos los expedientes habían desaparecido: según los ciento cincuenta médicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tubinga, los descubrimientos del doctor Hamer no eran reproducibles, y por tanto no podrían considerarse científicos.

A partir de este momento se inicia el calvario de Hamer que culminaría en 1986 con su expulsión del cuerpo médico con la alegación de que: «Se niega a rechazar la ley de hierro (1) y a convertirse a la medicina clásica»; sentencia que fue ratificada por el Tribunal federal, por «sospecha de demencia». Habrá de esperar al 19 de diciembre de 1989 para ver finalmente reconocidos sus descubrimientos en un protocolo firmado por el profesor J. Birmayer, doctor en Química y Medicina, titular de la cátedra universitaria de Cancerología de la Universidad de Viena. Sin embargo, ello no será suficiente para detener el boicoteo sistemático por parte del mundo de la medicina oficial ni para reintegrarlo al cuerpo médico, a pesar de sus continuas solicitudes de rehabilitación. Es evidente que el doctor Hamer resulta demasiado incómodo, que son demasiados los intereses en juego, económicos, ideológicos y de poder. En 1997 se llegará al punto de encarcelarlo con la excusa de haber hecho unas sugerencias a un enfermo pese a la prohibición de ejercer la medicina.
Casi un año de cárcel de la que Hamer salió con la moral robustecida, hasta el punto de que los dias 8 y 9 de septiembre la Universidad de Trnava, en Eslovaquia, confirma oficialmente la exitosa verificación de la Nueva Medicina.

Nota (1): Hamer había llamado a la ley de causa-efecto descubierta por él “ley de hierro del cáncer”.
Tras haber aplicado sobre sí mismo sus propios descubrimientos, Hamer goza hoy en día de una excelente salud.

LA VERDADERA INNOVACIÓN
La medicina alternativa o no traumática se limita con frecuencia a recurrir a soluciones terapéuticas sobre las mismas bases que la medicina moderna: la enfermedad es algo feo, malo, insensato, un peligro. Y la única solución consiste en eliminarla, ya sea de modo suave y violento.

En cambio, los descubrimientos de Hamer abren un mundo totalmente contrario: la enfermedad es la respuesta apropiada del cerebro a un trauma externo, y forma parte de un programa de supervivencia de la especie.

Una vez resuelto el trauma, el cerebro invierte el orden y el individuo pasa a la fase de reparación.
Descubrir el sentido de las enfermedades es lo más apasionante y fructífero que pueda imaginarse… No se trata de creer en Papá Noel, sino de descorrer un velo sobre cómo funciona el ser humano.

Los descubrimientos de Hamer se configuran en cinco leyes fundamentales, que examinaremos a continuación; para descubrir estas leyes él se basó:

  • En su experiencia directa de enfermo de cáncer;
  • En la observación de más de veinte mil casos de patologías distintas (desde la verruga al SIDA, desde la psicosis a la leucemia, pasando por la esclerosis en placas y la diabetes) buscando cada vez el denominador común, el trauma inesperado;
  • En el estudio de la evolución de la primera célula destinada a convertirse en un individuo complejo.

Para que una hipótesis se convierta en una ley científica debe ser siempre reproducible, ya que de lo contrario no pasa de hipótesis: el agua hierve siempre a cien grados en presencia de la misma presión atmosférica.

La cinco leyes de la Nueva Medicina, aparte de por el doctor Hamer, han sido verificadas por otros médicos y terapeutas de media Europa, en millares de pacientes, y siempre se han revelado exactas y reproducibles, y por tanto científicas.