El contenido biológico de la enfermedad – Medicina Germánica en México

El contenido biológico de la enfermedad

Por: Dr. Vicente Herrera.

La reacción más probable a este título sea el de rechazo: La enfermedad no posee entre sus atributos un contenido biológico (un por qué, una razón biológica), si acaso el que más se le ajusta sea el de patológico, ya que implica dolor, angustia, malestar, sufrimiento…Visto así, parece cierta esta apreciación y así se ha considerado desde los albores de la medicina y establecido como un dogma inamovible.

Sin embargo, para contemplar lo que la enfermedad posee de biológico nos tenemos que situar a una distancia -la tierra es redonda observada a unos km de distancia de su superficie- y en este caso la distancia donde nos hemos de ubicar la constituyen dos plataformas interrelacionadas de observación: La primera es examinar la cuestión de la causalidad en la enfermedad, considerada, desde un punto de vista filosófico aristotélico, en sus diversas clases; material, eficiente, formal y final, y la segunda es evaluar la influencia de la evolución de las especies en este Planeta sobre el origen de la enfermedad en sus factores causales, lo que implica comprobar si, en efecto, la memoria registrada de los diferentes cambios adaptativos que tuvieron que generar los seres vivos para acomodarse a su medio a su vez cambiante, se expresa y se reconoce en los mecanismos que se generan en la enfermedad.

La gran variedad de signos y síntomas que aparecen en la enfermedad son el producto de un cambio de estado en diferentes estratos sean bioeléctricos, moleculares, bioquímicos y anatómicos, lo cual implica un movimiento en el que hemos de situar las diferentes clases de causas antes señaladas, en donde la material necesita el substrato o estructura donde va a suceder la enfermedad; en este caso el cuerpo, los órganos, los distintos sistemas de funcionamiento del organismo, la eficiente requiere de un impacto, del factor estimulador de los cambios que van a suceder a continuación, la formal genera una respuesta adecuada para adaptarse a la nueva situación, y la final proporciona un sentido que explique todo el proceso y su sentido teleológico o para qué.

La filogénesis es el movimiento que se produce en los cambios evolutivos de los seres vivos en nuestro planeta, y cumple las diferentes clases de causas y no se realiza al azar y por selección natural con permanencia del más fuerte, sino a través de un dialogo lamarkiano entre el ser vivo y sus necesidades de supervivencia en el medio donde vive que también es versátil según los cambios que se producen en el entorno cósmico donde se halla situada la Tierra. El impulso que mantiene este movimiento es, precisamente, satisfacer estas necesidades que mantienen la vida. Los seres vivos, al ir superando las distintas situaciones surgidas en el medio que han puesto en peligro o riesgo estas necesidades, han generado la aparición de diferentes especies (macroevolución) y una especialización específica en cada una de ellas (microevolución adaptativa). De seres de vida acuática a anfibios, aves, reptiles y mamíferos.

La ontogénesis es el movimiento que se produce en la formación y desarrollo del embrión de los seres vivos y recopila de forma condensada la filogénesis. El óvulo fecundado se extiende en láminas celulares que se van a especializar en la formación de órgano y de los sistemas corporales. Este proceso se realiza por la presencia de lo que podemos denominar núcleo plástico pluripotencial que, una vez finalizado el desarrollo y maduración del ser vivo, se conserva en los tejidos de los órganos situándose en las células madres que constituyen la reserva para la renovación celular de todo el cuerpo siguiendo un orden espacial y cronológico. Durante la acción del desarrollo embrionario se forma vida, durante la renovación celular se mantiene. Este núcleo plástico contiene los patrones mórficos que se sitúan en el código epi-genético.

La enfermedad es el movimiento que se genera en una situación especial de mantenimiento de la vida en la que se pone en marcha los mecanismos de supervivencia. Trata, pues, satisfacer las necesidades vitales cuando estas están en peligro o en riesgo y rememora, así mismo, la ontogénesis que a su vez rememora la filogénesis. Estas necesidades que se han de cubrir para mantener la vida se reúnen en grupos bien diferenciados; la reproducción de la especie, las del metabolismo y protección, las de la estructura y las de contacto (necesidades biológicas). Por lo tanto, existe un vínculo entre los tres movimientos (filogénesis, ontogénesis y enfermedad) que cumplen las diferentes clases de causas y la enfermedad se sitúa, así, en el escenario donde se comprende su contenido biológico.

Durante los últimos 24 años he acompañado a 1500 personas que han optado por averiguar cuál era el contenido biológico de los variados y diversos signos y síntomas que expresan en sus dolencias. El modelo de análisis de referencia para este propósito ha sido las aportaciones y descubrimientos de la llamada Nueva Medicina Germánica, ahora denominada Ciencia Curativa Germánica (C.C.G.) promovida por R.G. Hamer; Teólogo y Dr. en Medicina (1936,). Considero que esta perspectiva de salud satisface las cuatro clases de causas señaladas y muestra las condiciones y criterios que ponen en marcha el movimiento que contiene la enfermedad.

En primer lugar, se han de identificar los signos y síntomas que presenta la persona que consulta tratando de hacerlo lo más exhaustivamente posible y su cronología exacta; inicio del cambio observado o sentido, evolución y medidas tomadas. Tómese el tiempo necesario para ello utilizando el lenguaje y la terminología de la persona que consulta. A continuación, se efectúa el diagnóstico clínico utilizando la evaluación de la sintomatología y las pruebas de diagnóstico que se hayan realizado. Una vez realizado se efectúa un enlace con el contenido propio de la Ciencia Curativa Germánica, del cual surge lo que podemos denominar el diagnóstico Psico-Biológico que completa el estudio clínico y nos sitúa en la senda del análisis del contenido biológico donde se han de identificar las distintas situaciones que han generado el movimiento de la enfermedad: el substrato corporal que ha variado (causa material); el impacto inicial que ha provocado el cambio, DHS en terminología CCG (causa eficiente); los cambios observados sean bioeléctricos , moleculares, bioquímicos y anatómicos, SBS en terminología CCG (causa formal) y finalmente el sentido biológico o la función o funciones que trata de restablecer todo este proceso (causa final). Esta fase es fundamental y requiere el uso de toda la empatía posible para captar lo que ha percibido o sentido la persona en las situaciones lesivas que ha sufrido e identificar el marco biológico de las vivencias referidas.

Llegados a este punto el consultante ha de comprender que la causa o causas de sus síntomas no son de origen desconocido, ni debidos al azar, ni bajo la influencia de diversos factores incluidos los genéticos que se estiman en esta perspectiva productos, vehículos o efectos del proceso completo de enfermar (incluidos en la causa formal). Entonces, se considera que existe una razón biológica que explica, prevé y, además pueda ser rechazada o falseable. Esto se convierte en el requisito para que se produzca una inflexión radical en la comprensión de la enfermedad. Sin esta condición es muy difícil seguir por esta vía, si acaso imposible…

Se impone ahora, ubicados en el espacio causal, encontrar la solución o soluciones a las situaciones que han provocado el movimiento de la enfermedad. Esta tarea resulta delicada y requiere una evaluación concienzuda de las situaciones conflictivas y sus efectos en el cuerpo y cerebro, teniendo en cuenta la cantidad de conflictos, su amplitud y su localización corporal. La solución más efectiva desde el punto de vista biológico es la real, modificando y cambiando las circunstancias que liberen a la persona de los conflictos que afectan la satisfacción de sus necesidades biológicas.

En esta etapa se observan varios escenarios de forma aislada o interrelacionados:

  1. Que la solución real no sea posible.
  2. Que la amplitud, cantidad y localización de los conflictos sea tal, que implique un riesgo en la vida de la persona estén aquellos activos o tras su solución.
  3. Que existan raíles o circunstancias asociadas que reactiven los conflictos. La circularidad del conflicto.
  4. Que los mismos síntomas provoquen la entrada en un bucle lesivo, reactivando los conflictos ya presentes o /y activando de nuevos.
  5. Que a pesar de identificar el conflicto y poner en marcha su solución, la sintomatología no desaparece. Presencia de “improntas” o conflictos antiguos.

Por tanto, este es el momento de decidir qué medidas tomar, lo cual requiere un riguroso análisis de la situación global y la consideración de diversos factores que se localizan en el entorno individual y colectivo tanto en lo subjetivo como objetivo: cuadrantes o espacios psicológicos, físicos, culturales-antropológicos y socioeconómicos.
Con estas consideraciones los diferentes objetivos que se tratan de alcanzar se pueden resumir de esta manera:

1.- Minimizar en lo posible la masa del conflicto que es una función de su intensidad y duración. De esta manera se puede soportar mejor los efectos de la enfermedad una vez solucionado el conflicto si se llega a solucionar.

2.- Evitar las recidivas directas y las causadas por “raíles” sean auditivos como visuales que impiden la evolución de la fase de reparación hacia la normalidad.

3.- Reevaluar la valoración negativa del síntoma para evitar la entrada en “bucles”. De especial importancia ante la presencia de dolores e impotencias funcionales.

4.- Identificar las improntas o cúmulos de conflictos en la fase perinatal y primera infancia. De especial importancia en enfermedades crónicas.

5.- Facilitar la formación de la “burbuja terapéutica” con el compromiso y debida información del proceso que se sigue de personas del entorno afectivo.

El tratamiento y abordaje de los síntomas graves que pueden poner en peligro la vida o causar secuelas invalidantes requiere el uso de procedimientos de reconocida eficacia: intervenciones quirúrgicas para descomprimir órganos o conductos vitales; cateterismos para facilitar el flujo de fluidos vitales; válvulas y sistemas de drenaje; procedimientos analgésicos sin efectos secundarios graves, cámara hiperbárica para evacuar edemas cerebrales que pongan en riesgo la vida…etc. Sin duda este es un tema controvertido que requiere un diálogo constructivo. Estoy convencido estos recursos utilizados en el contexto que propone la C.C.G. pueden constituir una gran ayuda para la curación y sanación de las graves enfermedades en las que todavía no se ha encontrado una solución definitiva a pesar de estar bien entrados en el siglo XXI.